jueves, 12 de agosto de 2010

El Lenguaje

En la época victoriana, no se podían mencionar los pantalones en presencia de una señorita. Hoy, por hoy, no queda bien decir ciertas cosas en presencia de la opinión pública:
El capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado, el imperialismo se llama globalización. Las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo, es como llamar niños a los enanos.
El oportunismo se llama pragmatismo, la traición se llama realismo. Los pobres se llaman carentes, o carenciados, o personas de escasos recursos.
La expulsión de los niños pobres del sistema educativo se conoce bajo el nombre de deserción escolar. El derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral.
El lenguaje oficial reconoce a los derechos de las mujeres, entre los derechos de las minorías, como si la mitad masculina de la humanidad fuera la mayoría. En lugar de dictadura militar, se dice proceso. Las torturas se llaman apremios ilegales, o también presiones físicas y psicológicas. Cuando los ladrones son de buena familia, no son ladrones, sino cleptómanos. El saqueo de los fondos públicos por los políticos corruptos responde al nombre de enriquecimiento ilícito.
Se llaman accidentes los crímenes que cometen los automóvilistas.
Para decir ciegos, se dice no videntes, un negro es un hombre de color. Donde dice larga y penosa enfermedad, debe leerse cáncer o SIDA. Repentina dolencia significa infarto, nunca se dice muerte, sino desaparición física. Tampoco son muertos los seres humanos aniquilados en las operaciones militares. Los muertos en batalla son bajas, y los civiles que la ligan sin comerla ni beberla, son daños colaterales. En 1995, cuando las explosiones nucleares de Francia en el Pacífico sur, el embajador francés en Nueva Zelanda declaró: "No me gusta esa palabra bomba. No son bombas, Son artefactos que explotan".
Se llaman Convivir algunas de las bandas que asesinan gente en Colombia, a la sombra de la protección militar.
Dignidad era el nombre de uno de los campos de concentración de la dictadura chilena y Libertad la mayor cárcel de la dictadura uruguaya. Se llama Paz y Justicia el grupo paramilitar que, en 1997, acribilló por la espalda a cuarenta y cinco campesinos, casi todos mujeres y niños, mientras rezaban en una iglesia del pueblo de Acteal, en Chiapas.

Eduardo Galeano.
Fotografia: Amaia Fotografias.

domingo, 8 de agosto de 2010

Que sean niños los niños

Que sean niños, y no clientes de las compañías de celulares, o vendedores de rosas en los bares, o estrellas descartables de la televisión.
Niños, no limpiavidrios en los semáforos, o botín de padres enfrentados o repartidores de estampitas en los subtes.
Que no sean niños soldados, los niños. Que sean niños los niños, simplemente. Que no sean foto de un portal pornográfico. Que no sean los habitantes de un reformatorio.
Que no sean costureros en talleres ilegales de ningún lugar del mundo.
Que sean niños los niños, y no un target.
Que no sean los que pagan las culpas. Los que reciben los golpes. Los bombardeados por publicidad.
Que sean niños los niños. Todo lo aniñados que quieran. Todo lo infantiles que quieran.
Todo lo ingenuos que quieran. Que hagan libremente sus niñerías.
Que se dediquen a ser niños y no a otra cosa.
Que no sean los que no juegan, los acosados por las preocupaciones, los tapados de actividades.
Que sean niños los niños y se los deje preguntar sin levantar la mano, formar filas torcidas, llevar alguna vez la Bandera no por ser mejor alumno, sino por ser buen compañero.
Que sean niños los niños y no los incentivados con desmesura a consumir todo lo que saca el mercado.
Que sean niños, y no los que aspiran pegamento en una esquina o fuman paco en la otra, tan de nadie, tan desprotegidos.
Niños, no nombres que tienen que rogar por recibir el apellido paterno o la cuota de alimentos.
Que sean niños los niños.
Y que los niños sean lo intocable, que sea la gran coincidencia en cualquier discusión ideológica; que por ellos se desvelen los economistas de todas las corrientes, los dirigentes de todos los partidos, los periodistas de todos los medios, los vecinos de todas las cuadras, los asistentes sociales de todas las municipalidades, los maestros de todas las escuelas.
Que sean niños los niños, y no el juguete de los abusadores.
Que sean niños, no “el repetidor” o “el conflictivo” o “el que nunca trae los deberes”.
Niños, y no los que empujan el carro con cartones.
Que sean niños los niños, simplemente.
Que ejerzan en paz el oficio de recién llegados.
Que se los llame a trabajar con la imaginación o con lápices de colores.
Que se los deje ser niños, todo lo niños que quieran.
Y que los niños sean lo importante, que por ellos lleguen a un acuerdo los que nunca se ponen de acuerdo; que por ellos se dirijan la palabra los que no se hablan, que por ellos hagan algo los que nunca hicieron nada.
Que sean niños los niños y que no dejen de joder con la pelota.
Que sean niños en su día. Que lo sean todos los días del año. Que sean felices los niños, por ser niños.
Inocentes de todo lo heredado.
Mex Urtizberea

sábado, 7 de agosto de 2010

El miedo global

Los que trabajan tienen miedo a perder el trabajo.
Los que no tienen trabajo tienen miedo a no encontrar nunca trabajo.
Quien no tienen miedo al hambre, tiene miedo a la comida.
Los automovilistas tienen miedo a caminar y los peatones tienen miedo a ser atropellados.
La democracia tiene miedo a recordar y el lenguaje tiene miedo a decir.
Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras.
Es el tiempo del miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo.
Miedo a los ladrones, miedo a la policía.
Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar.
Miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo de morir, miedo de vivir.
Eduardo Galeano.

jueves, 5 de agosto de 2010

Nostalgias de lo que no fue.

Hoy yacen enterradas, mil palabras que no existen porque en su vuelo las mataste con tu mirada y tus silencios. Tal vez en algún instante recuerdes mi rostro triste, recuerdes mis ojos vidriosos del penar de mi alma. Es que quizás en el momento en que mueran las agujas del reloj será en ese instante que comprenderás que mis lamentos fueron por vos. Quizás en un tiempo, ya muerto de la espera, madures y sola te des cuenta que mis sentimientos fueron tan claros como el agua de un manantial que desborda vitalidad, y tan sinceros como estas palabras.

Hoy yacen enterradas mil historias sin contar, que así como murieron, así resucitarán. Las historias tuyas y mías que jamás volverán, porque se fueron demasiado lejos para ya no regresar, huyeron de tus ojos que la despreciaban, huyeron de mi boca, que las malgastaban y tal vez en algún instante en que las agujas intenten latir, será en ese instante que volverán y cavarán en tu pecho, mi nombre para que jamás olvides que te amé y que nunca te diste cuenta.

Antü

martes, 3 de agosto de 2010

Corazón coraza

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

Mario Benedetti.

Rutinas


Todas las mañanas me veo a tu lado.
Todas las noches me encuetro alejado.
Todas las tardes me siento perdido,
esperando la noche, sintiendo frio.

Creo tenerte a cada momento,
siento perderte en el firmamento.
Duele verte alli durmiendo,
creyendo al amor, y yo muriendo.

Si tan solo creyeras mis palabras
cuando te digo adios entre las sábanas,
y muriendo me levanto amándote,
para luego recordar que te pierdo.

El dolor de no saber ser
es el que me lleva a perder,
a creerme verdaderamente incapaz
de darte todo lo que tu me das.


Antü

lunes, 2 de agosto de 2010

Noches blancas

Ahí está el trabajador nocturno, viendo pasar el tiempo en la nada. El frío del invierno recorre su piel, filtrándose por los poros y provocando los escalofríos más largos que podría tener un ser humano. Ve pasar la noche y la vida. Duerme durante el día para rendir al ciento por ciento durante su jornada laboral. De él puede depender el destino de las personas que lo necesiten en cualquier horario de la madrugada. Si no llegara a estar despabilado, podría fallar su propósito.
La soledad y el silencio son sus únicos compañeros. La soledad que está, a su lado, marcándole que todo depende de lo que él decida. No hay nadie a quien consultar, ni nadie a quien delegar algún trabajo. No hay nadie, ni nada. El silencio de la noche, de una ciudad cansada del trajín diario, que reposa, que descansa para comenzar otro día, lo envuelve y lo protege.
El sonido del reloj, cada segundo que va avanzando en la noche, la radio que pasa las mismas canciones melancólicas, para aquellos enamorados en vela y el viento que, de vez en cuando, mueve la copa de algún árbol, son los acompañantes de la velada.
No se porque será, pero la noche está hecha para pensar. Aquí uno piensa y vive, imagina un mundo distinto, cree en el poder del cambio e idea estrategias y planes para modificar la realidad. Luego el sueño dispersa a todos los pensamientos. Abre su boca y expulsa al sueño por ella en forma de bostezo, lo sujeta con su mano y lo arroja fuera de su cuerpo, como quien se quita algo que le molestase.
Luego vuelve a su casa y se acuesta a dormir. Ve a sus hijos sólo unos momentos. Cuando llegan de la escuela, los mira, le besa la frente a cada uno y comienza a prepararse para marcharse nuevamente entendiendo que la felicidad y la tranquilidad de su familia esta en su trabajo y su esfuerzo.
Antü
Pequeño homenaje a un amigo, y a todo el que se sienta identificado, para que vea que siempre existe el reconocimiento en los que te quieren, solo que los grandes actos suelen ser imperceptibles, pero perdurables en el tiempo y en la memoria.